martes, 8 de julio de 2014

OBRAS RECOMENDADAS


               AGUA


San Juan de Lucanas, tiene como tema central el mal reparto del "Agua" para las comunidades por disposición de Don Braulio Felix, el principal hacendado más poderoso y un hombre abusivo y explotador.
La ausencia de lluvias hacen necesaria una repartición justa de las aguas analizadas, pero Don Braulio suele entregarla solo a sus allegados y amigos, también a propietarios blancos o mestizos como él, mientras que a otros los odia. En las tierras de los comuneros indios se secan; la repartición de esta se realiza cada semana en la plaza del pueblo donde se convoca a los pobladores.
Llegan el niño Ernesto y el cornetero Pantaleón luego se asoman otros muchachos o maktillos; todos ellos son escoleros o escolares, todo el pueblo oyendo la música tocada por Pantaleón o Pantocha todos se divierten, los primeros comuneros en llegar a la plaza son los tinkis, que se precian de ser los más valientes y osados; luego aparecen los de San Juan o sanjuanes los mas miedosos. Pantaleón que había vivido un tiempo en la costa, el trata de infundir ánimos en los comuneros para que se enfrentan a los abusos de Don Braulio, mientras tanto llega a la plaza Don Pascual el repartidor de agua o semanero, el está ya decidido de contrariar a Don Braulio por su explotación dando el agua de la semana a los comuneros pobres que más la necesitan, de pronto en un momento llega Don Braulio que al enterarse de lo sucedido tira balazos y a uno de los comuneros lo hiere causándole una herida, mientras el pueblo huía del lugar Pantaleón gritaba para darles ánimos de contrariar a Don Braulio.
Un día después de lo ocurrido el niño Ernesto va a enfrentar a Don Braulio en su haciende, le tira la corneta de Pantocha a la cara haciéndolo sangrar el de inmediato ordena que golpeen al niño pero este se dio a fuga del lugar, refugiándose en un pueblo llamado Utek'pampa donde él puede darse cuenta que los indios de ese pueblo se hacen respetar sus derechos y son libres de cualquier abuso, lo opuesto a su pueblo natal.
          
                YAWAR FIESTA


Los primeros capítulos nos brindan el marco histórico de la sistemática e inescrupulosa apropiación de parte de los mistis, aprovechándose de la ignorancia de la gente, de las zonas de cultivo y pastoreo de los nativos andinos.
 Los indígenas hallándose desprovistos de sus recursos de subsistencia y careciendo de todo apoyo de las autoridades fueron forzados a la pobreza y humillación.
Con la llegada de una clase de potentados, en la ciudad de Puquio comenzaron a convivir indígenas, mestizos y blancos. Estas clases raras veces se mezclaban, con excepción de la fiesta indígena Turupukllay, donde todo el poblado convergía a celebrar una especie de corrida de toro.
Esta convivencia, al parecer pacífica, se interrumpe cuando el nuevo subprefecto trata de instaurar medidas más “civilizadas”.
Esta resolución incita conflictos que dividen a los puquieños entre aquellos que querían preservar una tradición autóctona y los que, por congraciarse con las autoridades y en nombre del desarrollo, quieren cambiar las prácticas festivas.
 Los planes para la fiesta siguen adelante, pero los preparativos se llevan a cabo en dos planos diferentes.
El arreo del Misitu en las zonas altas exalta la determinación del indio, mientras que las autoridades se empecinan en ejecutar las órdenes gubernamentales.
 Este micro-mundo es emblemático de las disparidades entre la sierra (Puquio) y la costa (Lima) y la falta de comunicación que, a pesar del trazado de carreteras, no logra salvar las distancias culturales y sociales.
La supremacía limeña parece establecerse no sólo a través de la imposición de la autoridad sino de la conversión de serrano residiendo en Lima a los valores costeros.
Esta obra exalta dos virtudes indígenas que parecieron verse amenazadas a desaparecer por la impuesta autoridad de los mistis, la dignidad y el sentido de comunidad de los nativos andinos.
Arguedas, una vez más, a través del relato de la Yawar Fiesta celebra la victoria cultural indígena forjada a través de la voluntad mancomunada de mantener en alto la dignidad de raza.

                                    WARMA KUYAY

           
 Ernesto es un niño que vive en una hacienda llamada Viseca que es propiedad de su tío y de un señor llamado Froylán. El pasa casi todo su tiempo con los indios de la hacienda.
A su corta edad siente haberse enamorado de una india llamada Justina que es mucho mayor que él, pero para Ernesto eso no significa un impedimento, ya que él adora a la india.
Justinacha tiene un enamorado que se llama el Kutu,”cara de sapo” le dice Ernesto. Le reclama a Justina el porqué lo quiere al Kutu y no a él. Un día don Froylán viola a la Justina. El Kutu está de rabia y no sabe qué hacer.  Se encuentra con Ernesto y le cuenta lo que ha pasado con la Justina. Ernesto anida en su corazón odio hacia don Froylán y deciden con el Kutu vengarse.
El Kutu lo conduce hacia el corral en donde se encuentran los becerritos del patrón, el Kutu va escogiendo uno a uno y los va flagelando hasta cansarse mientras Ernesto observaba y en algún momento llegó a sentir satisfacción.

Pero al día siguiente Ernesto acusó al Kutu de asesino de animales y le increpó que no supo defender a la Justina y que no debía estar en Viseca porque ya nadie lo quería.

El Kutu se marchó a otra hacienda y Ernesto se quedó al lado de la Justina que a pesar que él nunca iba estar con ella se consolaba con la idea de que estaría bajo el mismo cielo que su adorada india.


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